De mesteres y de leyes (I)

De derechos  y deberes,

de mesteres y de leyes,

¡a buscar trabajo se ha dicho!

Y es que, en los tiempos que corren, hay que volar, y cuanto más lejos, mejor. Lo sé, es doloroso. Pero más hediondo es el precario mercado laboral español.

Dos oportunidades laborales se me han presentado esta semana. Por supuesto, ninguna que tenga que ver con mi formación académico-profesional. Ese es un cuento de ciencia ficción que quizá, algún día, relataré.

Prosigo pues.

La primera de ellas tuvo como carta de presentación un viaje espacial por el “Metro de Madrid, que informa” y el tren de cercanías, que es aquel que acerca a las personas a las lejanías y además, deja las almas guardadas en las máquinas expendedoras de billetes esperando a que su dueño pueda pagar el viaje.

Tras dejar pasar la oportunidad de bajarme en el suculento pueblo de El Goloso, llegué a las oficinas y desvelé el misterio: la oportunidad era para trabajar como teleoperadora en un Contact Center …

[Abro corchetes porque Word me señala en rojo las palabras “teleoperador” y “contact center”, así que procedo a aclarar que ambos términos hacen referencia al arte de operar corazones en la tele desde un centro de contactos. Como ejemplos, véanse Facebook o Su media naranja]

… bajo las normativas habituales que rigen los maravillosos convenios colectivos del tele-marketing.

Bien. Perfecto. Un trabajo remunerado. No pedimos más a día de hoy. Lo sorprendente de esta anécdota es que todas las que nos encontrábamos en la rueda de entrevistas estábamos ahí porque un amigo había dejado nuestro CV en RRHH. Vamos, que si no tenéis amigos que operen corazones, olvidaros de conseguir una cuadriculada entrevista para trabajar como perforadores de oídos porque así está el percal, Pascual.

Huelga dar las gracias a esa empresa tan enrollada que decidió hacer limpia de todos los CV’s, dignificar el tambaleante derecho de reunión y buscar la unión mediante filosofías  birmanianas.

PD: mi otra experiencia os la cuento mañana, que la sociedad del fast-reading me impide escribir más.

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