De mesteres y de leyes (II)

Y como mujer de ley, en búsqueda de un mester, se presentó en el tiempo y espacio que le habían indicado para realizar una entrevista de trabajo.

Esta vez el puesto era para trabajar como dependienta en un afamado comercio textil.

Vale. Bien. Es un trabajo, ¿no? ¡Pues a por él, zángana!

Dicho puesto se regiría bajo las cláusulas de un CONTRATO DE TIPO FORMATIVO. Este tipo de contratos están pensados para aquellos que no puedan celebrar uno en prácticas, o lo que es lo mismo, aquellos que carezcan de cualificación profesional alguna.

Como era un contrato de tipo formativo, de las cuarenta horas semanales, treinta horas serían para trabajar en tienda y diez para rellenar unos cuadernillos. Además, el contrato tendría que durar como mínimo un año, pudiéndose prorrogar esta situación hasta tres.

Hablemos del “money, money”: la retribución a percibir sería del 60% del sueldo habitual. Es decir, según palabras del encargado, por un contrato de 40 horas semanales, como “auxiliar de dependienta”, se cobrarían unos 600 euros netos / mes.

¿Por qué no consiguió esta ganga de empleo la intrépida muchacha? Habría que preguntárselo a quien la citó a una entrevista antes de leerse el reglamento de este tipo de contratos, pero como no la conocemos, me arriesgo a dar yo misma la respuesta: básicamente porque un contrato de tipo formativo va dirigido a personas que tengan entre 16 y 25 años y cero titulaciones que la cualifiquen para el desempeño de alguna de esas profesiones que se estilan por ahí [¡mierda! La preseleccionada tenía más de 21 años y títulos universitarios].

¡Ojo! Que si tienes menos de 30 años y la tasa de desempleo de tu país supera el 15%, no te libras de estos contratos,  en caso, repito, de que no tengas estudios universitarios o profesionales. Así que, dependientas experimentadas, ¡sois un blanco perfecto para que os rebajen de categoría!

La absurda conclusión que saco de todo esto es la siguiente: ¿qué tipo de gente está contratada para concertar entrevistas?¿por qué no se leen los maravillosos decretos Ley publicados por nuestro gobierno? Es porque, aunque algunas estemos en paro, no queremos perder el tiempo, ni las fuerzas, ni los viajes astrales en metro, con entrevistas, hablando en términos legales, imposibles de conseguir.

Este país está podrido, desde las entrañas, y salpica que da gusto.

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De mesteres y de leyes (II)

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