Un euro para la Botella

“¡Madre mía! ¡Es más gorda que una de tráfico!”

Desde que la peste negra de la economía comenzó a expandirse por Europa, más vale un euro en mano que ciento volando. O si no que se lo digan a nuestra alcaldesa no electa, Ana Bottle, que de recaudación de euros sabe un “Rato” (¿lo pillas? Rato de Rodrigo Rato… buenísimo el chiste).

En el frío febrero de 2011 la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid aprobó la Ordenanza de Protección contra la contaminación acústica y térmica que, entre otros objetivos, tiene el de regular el uso del espacio público.

¡Eccolo qua las palabras clave! #Regular y #Público. Y es que en cuanto nos despistemos nos cobran por respirar.

Ahora tengo en mis manos una bonita sanción de 300 euros por estar bebiéndome una lata de Aquarioso bajo el claro de Luna. Eso sí, la carta viene impresa en papel reciclado. ¡Que no se diga que no cuidan los detalles!

Y pensarán, estimados lectores, que algo más estaría haciendo. Bien, no seré yo la que niegue  la realidad:

A unos diez metros de distancia había una chavalada bebiendo ron del malo y escuchando musiqueta desde sus carros en el boulevard principal de mi barrio. Personalmente, creo que como era verano y vaya vaya, aquí no hay playa, ellos decidieron aposentarse en ese lugar como oda al paseo marítimo que queremos, pero no podemos tener.

Evidentemente, a los policías no les gustan los sueños. Y a los vecinos que se los perturben, tampoco, por lo que lógicamente acudieron al lugar de los hechos a poner orden y, ya de paso, como hay que recaudar y el cepillo de la Iglesia está más vacío que el ropero de Tarzán, se pasaron también a saludar por los alrededores.

Amablemente nos pidieron nuestras carnes de identidad, se las llevaron y nos las trajeron de vuelta sin mediar palabra. Tan solo nos comentaron que había habido quejas vecinales y nosotros, que somos gente de bien, decidimos retirarnos.

Así, con esta anécdota de fondo, el verano se escapó y dio paso al otoño, con sus buenas nuevas colgadas bajo el viento y con mucho trabajo para Correos.

Como si de una trama de corrupción se tratara, alrededor de una veintena de jóvenes apuestos nos hemos encontrado esta sorpresa llamando a nuestra puerta.

Haciendo cálculos, 300 euros son las latas de refresco o de cerveza (sí, soy Satán y he dicho CERVEZAAAAAAAA) que me puedo tomar en un año. Más de trescientos son también los contactos que puedo sumar entre Facebook, Twitter o LinkedIn, las redes sociales de moda.

Igual si les pido un euro a cada uno puedo pagar la multa y contribuir de este modo a sanear nuestra maltrecha economía. Lo que pasa es que me da palo, porque pedir a mis amigos un euro para la Botella sería como traicionarlos.

Es posible que lo que haga sea pedírselos a la alcaldesa o a uno de sus hijos, que seguro que ellos no lo notarán tanto.

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