¿César debe morir?

Questa sera sono andata al cinema a vedere il film Cesare deve morire (César debe morir, para el que non lo capisca).

Con toda la fuerza de pegaso en mí ser me he calzado mis lentillas de “pasta” dispuesta a ponerme en contacto con algunas de mis aficiones: el italiano y viajar en metro. Lo de ir al cine es una costumbre que se perdió en el tiempo.

El caso es que igual alguien se pregunta: ¿Y por qué esta película y no otra?… no sé… ¿El Hobbit? Y yo, con toda la sinceridad me contesto: porque a veces oigo voces, porque ganó el Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín, que son cosas que siempre le dan al asunto un toque coolísimo (que viene del término “culo”) y  porque además, insisto, estaba interesada en que mi oído italiano se expandiera y creciera hasta percibir sonidos inusitados para el tímpano castellano.

Pero qué sorpresa más bobacha me he llevado cuando, sobre un mismo escenario, se encontraban diversos dialectos de la lengua italiana, lo que quiere decir que a pesar de que muchos piensen que el itañol es un idioma maravilloso y no una paletada, el sardo, por ejemplo, es complicado de entender, con lo que esa necesidad tan profunda de mi ser se ha quedado descolgada.

Total, que me enrollo como las persianas y no me da tiempo a contar que éramos siete personas en la sala y que, gracias a mí, la media de edad rejuvenecía.

Cesare deve morire

El caso es que, al igual que no sabía el asunto de los dialectos, tampoco sabía que lo que los hermanos Taviani habían rodado era un rollo de seteintatantos minutos de película con tres puntos fundamentales:

  1. Un texto muy potente: el Julio César de Shakespeare, de-construido y adaptado a las exigencias del guión.
  2. Un escenario muy particular: el del teatro de la cárcel de Rebibbia (Roma).
  3. Actores en potencia con mucho que liberar: los propios presos de la cárcel.

Con estos ingredientes es fácil que una película cobre valor por sí misma porque, ¿qué hacer con un texto clásico, que no se haya hecho, y no estropearlo? En este caso los Taviani lo que han hecho ha sido relacionar la identidad de los presos (encerrados) con la de los personajes shakesperianos (encerrados en sí mismos) poniendo de relieve valores contrapuestos como la amistad y la traición haciéndonos viajar así al interior de una cárcel en la que la palabra libertad adquirirá sentido para estos reclusos al conocer el arte.

César debe morir es un trabajo de seis meses de rodaje en el que las paredes de esta prisión han podido testiguar la transformación de sus habitantes y cómo el color de las paredes se ha ido tiñendo de una poesía inimaginable para sus protagonistas. Ya solo por este detalle, los hermanos Taviani merecen un aplauso.

Por todo lo demás, antes de ir al cine a ver ésta película aconsejo documentarse sobre por qué y para qué escribió Shakespeare Julio César y los aspectos psicológicos que puedan envolver el perfil de un preso que está destinado a pasar el resto de su vida encerrado y al que un buen día se le presenta la oportunidad de tirar la cuarta pared.

Vamos, que interesante por todos estos elementos que aporta, por los que no son visibles en el film y por la reflexión final. Por todo lo demás, master card.

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¿César debe morir?

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