“Los hijos de Kennedy” crecen

Hay un teatro en Madrid llamado Alcázar pero que desde hace un tiempo, como tantos otros cosos y cosas, toma el nombre de una de esas empresas privadas que nos van a solucionar la vida.

Aparte de obras de los artífices de Muchachada Nui o Museo Coconut, el teatro también deja hueco para Los hijos de Kennedy, que además de un título atractivo, trae consigo todo un elenco de lujo: Maribel Verdú, Emma Suárez, Ariadna Gil, Fernando Cayo y Alex García.

Fuente: http://www.abc.es

Dirigida por José María Pou  y original de Robert Patrick, viene a narrar la visión de esos que se criaron en los ’60 y vivieron los ‘70, dando paso a un periodo de apertura mental y cultural que revolucionó el panorama social.

Con una puesta en escena estática, José María Pou nos ubica en una cafetería oscura, donde cada uno de los personajes, arquetipos de sí mismos, ocupan un lugar concreto en la escena y, en algún alarde ocasional, se muestran dispuestos a romper su estatismo o incluso la cuarta pared.

A través de cada uno de ellos nos metemos en la Historia de lleno, bajo prismas totalmente distintos pero interrelacionados entre sí.

Una aspirante a estrella de Hollywood en el contexto de un star system de capa caída, una soñadora con aires de Jacqueline Kennedy, los restos de una hippie desencantada envuelta en su propia espiral de alcohol, un actor que nunca salió de la nueva ola de teatros underground, avocado a ver cómo los de su quinta abandonaban el barco por uno más grande, y un lunático ex soldado de la guerra de Vietnam. Todos ellos viviendo de sus propios recuerdos, sin dialogar jamás entre sí pero interactuando tímidamente en alguna ocasión mediante alguna mirada compasiva, como los desconocidos que coinciden en un bar.

Es este uno de los puntos que más soporífera hace la obra ya que te pierdes en el propio hilo narrativo en búsqueda de uno mejor. Eso sí, el mensaje de decadencia y tristeza de unos hijos huérfanos queda bien claro. Si bien se trató de una época que comenzó con fuerza y que indiscutiblemente queda en  el recuerdo de los que la vivieron y de los que nos la han contado, la llegada de su fin queda envuelta en un halo de nostalgia que se mantiene viva gracias a la música de grandes como los Beatles, Bob Dylan o Jimmy Hendrix. Punto este, el de los efectos audiovisuales, con videos y músicas que documentan la obra,, que la dan un buen empujón hacia arriba.

Respecto a los actores no seré yo la que diga nada. Mayormente acostumbrada a verlos en cine o televisión, tenerlos bien cerca se convierte en un lujo y, cada uno de ellos en su papel, ciertamente está muy bien.

Por lo demás, pedir al Alcázar que la próxima vez suba la calefacción por dos motivos: hacer más placentera la velada y preservar la vida de todo ese público entrado en la tercera edad y que hay que cuidar, a no ser que se trate de una estratagema para cargárselos a todos y ahorrar en pensiones, que tal y como están las cosas…

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