La fiesta del cine y de las palomitas

Anoche finalizó la quinta edición de La Fiesta del Cine que, según datos de Rentrak Spain, experimentó una subida del número de espectadores de un 550% respecto al lunes de la semana anterior, continuando con un éxito similar el martes y el miércoles.

Dicha fieshta ha consistido en rebajar el precio de la entrada hasta los 2’90€, lo que ha derivado en una conclusión populista y generalizada consistente en el siguiente supuesto: “a precios más bajos, más espectadores cambian la butaca de su casa por la de las salas de cine”.

Pero, ¿por qué las salas no bajan el precio de las entradas?

Antes de que nos hagamos un lío con cuentas exponenciales del tipo “si vendo una entrada a nueve euros es lo mismo que si vendo tres a tres euros” (esas mentes brillantes estrujándose los sesos) o intentemos comprender la jarana de contratos que se trae la cadena productoras-distribuidoras-exhibidoras, qué acuerdos se traen entre sí, qué cuentas y acuerdos hacen para que les salgan las mismas, vamos a congelar el tiempo a lo Matrix y hagamos un giro estereoscópico de 360º a nuestro alrededor: [SILENCIO]

La culpa de todo la tienen las palomitas, los refrescos y sus abusivos precios. Y no soy yo la visionaria que haya dado la clave. Ya en el año 2012, Joshua Thompson, ciudadano de Míchigan (Detroit, EEUU) demandó a los cines a los que acudía habitualmente cansado de que le timaran ya que “es difícil justificar los precios que son tres y cuatro veces mayores que en cualquier otro lugar”. Además, que las salan prohibieran meter sus propias vituallas al interior de las salas supuso un agravante para el joven, que, a pesar de contar con poco respaldo de los especialistas consultados, si lo encontró entre el público.

Los cines, ante estas reclamaciones, justificaron que gracias a estos precios han podido mantener más bajos los precios de las entradas y por lo tanto, más accesible para todos es acudir a los cines, sumándose así una medallita a su obra social particular con la consecuente duda que suscita dicha justificación. Pero esto es en EEUU, donde los precios de las entradas son más bajos e incluso realizan estudios al respecto.

El caso es que a mí Joshua me ha inspirado y llevado a pensar que la culpa de todo la tienen las palomitas y sus adictivos aditivos, que son los que nos obligan a ir al cine a rumiar en la oreja del vecino.

Déjense de tonterías de pensar que los precios son demasiado altos o de que la piratería ayuda mucho a la hora de permanecer en casa y construyan barricadas de maíz, cámaras de gas Coca-cola y celebren esta fiesta mientras la industria se va a pique.

 

Cola de espectadores en La Fiesta del Cine Fuente: ww.eldiario.es
Cola de espectadores aguerridos en La Fiesta del Cine
Fuente: ww.eldiario.es
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La fiesta del cine y de las palomitas

“Atilano, presidente” regresa a la gran pantalla

El reestreno tendrá lugar en la sala Artistic Metropol

Con ocasión del quince aniversario de su estreno, la película que cierra la trilogía España por la puerta de atrás y que fue dirigida por Santiago Aguilar y Luis Guridi, conocidos también como “La cuadrilla”, podrá ser vista de nuevo en la madrileña sala Artistic Metropol a partir de este viernes 15 de febrero.

La película, de plena actualidad, narra la historia de Atilano Bermejo, un oficial de servicios funerarios con una absoluta falta de escrúpulos que se ve envuelto en el timo de su vida: ser presidente del gobierno.

Para ello cuenta con el apoyo de Sol Montes, la jefa de prensa del PR, y la experiencia de Ortega, un político fracasado que encuentra en Atilano las dotes populistas que a él le faltaban. El candidato, avalado por un grupo de banqueros, reúne las características idóneas buscadas por estos: un carácter descreído y una carencia rotunda de inquietudes sociales.

 

PASES:

VIERNES 15 feb: 22:15 hrs.

SÁBADO 16  feb: 16:15 hrs.

DOMINGO 17  feb: 18:15 hrs.

LUNES 18 feb : 19:00 hrs.

MARTES 19 feb : 21:00 hrs.

MIÉRCOLES 20 feb: 19:00 hrs.

JUEVES 21 feb: 17:00 hrs.


ARTISTIC METROPOL

c\ Cigarreras, 6 (28005, Madrid)

Teléfono: 91 527 27 92

RESERVA ANTICIPADA DE ENTRADAS: cinema@artisticfilms.es


“Atilano, presidente” regresa a la gran pantalla

“De cerca ninguno es normal”

Tenemos ya la punta de la nariz metida en plena efusividad navideña: tiempo de consumismo, máxima expresión viva del capitalismo, y también de esperanzas, amor e ilusión pidiendo auxilio tras los escaparates.

Ayer por la tarde tuve la suerte de que mi profesora de italiano, muy didáctica ella, organizara una merendola en clase con la excusa de ponernos una película italiana titulada Si può fare (2008, Giulio Manfredonia).

Antes de que comenzara la película, entre pinchos de tortilla y panetones, le pregunté a l’insegnante el género que íbamos a ver y la hice dudar… “No es una comedia, pero hay momentos en los que te ríes, pero el tema que trata de fondo es serio… pero no es un drama…” dijo.

Pensé entonces que se trataría de una Comedia Social, que vendría a ser la prima de la Comedia Romántica pero sin Jennifer Aniston al frente.

Sin grandes premios a sus espaldas narra una historia real ocurrida en la Italia de los años ’80, cuando entra en vigor la ley Basaglia, consistente en el cierre, por parte del Estado, de los psiquiátricos.

Como consecuencia directa de este hecho nacen una serie de cooperativas para encargarse de este tipo de pacientes y, para que no molestasen mucho, se opta por medicarles y emplearles en trabajos absurdos como la estampación de sellos en sobres… Dígame usted si no es este un motivo para enloquecer.

Un buen día un hombre de negocios milanés llega a la Cooperativa 180 para atender a estos y les propone lo único que él sabe hacer: montar una empresa. Así, este grupo de “locos”, con la excusa de construir parquets, logra dar su particular punto de vista a estos diseñando auténticos mosaicos de madera sobre los que cualquiera quisiera bailar break-dance.

Poco a poco estos pacientes van tomando más contacto con la realidad y menos con las drogas, hay alguno que incluso se enamora y, como en casi todas las películas, ocurren cosas. Y hasta aquí puedo leer, porque mi intención no es destripar la película, sino invitar a verla.

Pero, ¿por qué esta película, y no por ejemplo, cualquier obra maestra de la cinematografía italiana?

Nuestra profesora, emocionada ella (y no doy más pistas), nos explicó que de cara a las Navidades nos quería lanzar, más que una clásica felicitación, un mensaje de esperanza y ánimo. Que las cosas están muy achuchaícas, pero  que si nos lo proponemos, podemos hacer lo imposible, y eso implica un esfuerzo del que muchas veces cojeamos porque los vampiros del sistema nos chupan la energía.

En la película los protagonistas, “discapacitados psíquicos”, primeramente son aislados de la sociedad y no saben más allá de las paredes de las cooperativa porque les amordazan y vendan los ojos. Les hacen dormir con medicamentos y les privan expresar con naturalidad sus instintos. Y cuando sus pieles comienzan a sonrosarse por el “efecto vida”, aparece una gran y sensata bota negra que pisa sus cabezas y las estampa contra el suelo para que no las levanten.

Como indica el título, efectivamente se puede hacer, y lo hacen. Desde arriba lo hacen constantemente porque hacen lo que les da la gana con nosotros.

No quiero terminar este escrito haciendo alusión a los punkis con su clásico discurso de que las drogas las manejan desde arriba… pero es que igual ese himno del “No future” no queda tan lejos. Y lo que son las drogas, su uso y su tratamiento merecería un rincón de expresión aparte.

Empieza el fin de semana, así que yo de momento me voy a conformar con recomendar esta película a cualquiera que quiera pasar un rato agradable en estas fiestas, sin comerse en exceso la cabeza, pero sin atontarse tampoco. Y así, ya de paso, conocer qué más cosas se hacen en materia fílmica en el país vecino además de las de los directores de gran renombre.

Y sí, ya sé que se me pira la pinza y que este post no se sabe muy bien lo que es, pero ¿y quién sabe qué es lo que tiene que ser? De regalo un temón:

“De cerca ninguno es normal”

¿César debe morir?

Questa sera sono andata al cinema a vedere il film Cesare deve morire (César debe morir, para el que non lo capisca).

Con toda la fuerza de pegaso en mí ser me he calzado mis lentillas de “pasta” dispuesta a ponerme en contacto con algunas de mis aficiones: el italiano y viajar en metro. Lo de ir al cine es una costumbre que se perdió en el tiempo.

El caso es que igual alguien se pregunta: ¿Y por qué esta película y no otra?… no sé… ¿El Hobbit? Y yo, con toda la sinceridad me contesto: porque a veces oigo voces, porque ganó el Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín, que son cosas que siempre le dan al asunto un toque coolísimo (que viene del término “culo”) y  porque además, insisto, estaba interesada en que mi oído italiano se expandiera y creciera hasta percibir sonidos inusitados para el tímpano castellano.

Pero qué sorpresa más bobacha me he llevado cuando, sobre un mismo escenario, se encontraban diversos dialectos de la lengua italiana, lo que quiere decir que a pesar de que muchos piensen que el itañol es un idioma maravilloso y no una paletada, el sardo, por ejemplo, es complicado de entender, con lo que esa necesidad tan profunda de mi ser se ha quedado descolgada.

Total, que me enrollo como las persianas y no me da tiempo a contar que éramos siete personas en la sala y que, gracias a mí, la media de edad rejuvenecía.

Cesare deve morire

El caso es que, al igual que no sabía el asunto de los dialectos, tampoco sabía que lo que los hermanos Taviani habían rodado era un rollo de seteintatantos minutos de película con tres puntos fundamentales:

  1. Un texto muy potente: el Julio César de Shakespeare, de-construido y adaptado a las exigencias del guión.
  2. Un escenario muy particular: el del teatro de la cárcel de Rebibbia (Roma).
  3. Actores en potencia con mucho que liberar: los propios presos de la cárcel.

Con estos ingredientes es fácil que una película cobre valor por sí misma porque, ¿qué hacer con un texto clásico, que no se haya hecho, y no estropearlo? En este caso los Taviani lo que han hecho ha sido relacionar la identidad de los presos (encerrados) con la de los personajes shakesperianos (encerrados en sí mismos) poniendo de relieve valores contrapuestos como la amistad y la traición haciéndonos viajar así al interior de una cárcel en la que la palabra libertad adquirirá sentido para estos reclusos al conocer el arte.

César debe morir es un trabajo de seis meses de rodaje en el que las paredes de esta prisión han podido testiguar la transformación de sus habitantes y cómo el color de las paredes se ha ido tiñendo de una poesía inimaginable para sus protagonistas. Ya solo por este detalle, los hermanos Taviani merecen un aplauso.

Por todo lo demás, antes de ir al cine a ver ésta película aconsejo documentarse sobre por qué y para qué escribió Shakespeare Julio César y los aspectos psicológicos que puedan envolver el perfil de un preso que está destinado a pasar el resto de su vida encerrado y al que un buen día se le presenta la oportunidad de tirar la cuarta pared.

Vamos, que interesante por todos estos elementos que aporta, por los que no son visibles en el film y por la reflexión final. Por todo lo demás, master card.

¿César debe morir?