Psicología palurdista (de palurdo) nº…1

Ayyy… suspiró el infante…

Los lunes al sol por la mañana así son. Sin zumo de naraja recién exprimido para ponerte en On ni nada que se le asemeje. Pero no pasa nada, hay que levantarse igualmente en busca y captura de algún pensamiento “palur” que de brillo a nuestras vidas.

Lina Morgan en “La tonta del bote”.

 

He ido a la ferretería con la idea de comprar dos objetos más o menos necesarios. Uno sí le, y otro no le. Pero nada de engorilarse. En la psicología palurdista esto no es el clásico “qué coñazo, ahora a buscar en otro lugar”. ¡Nada de eso! Prohibido. En la psicología palurdista tu sentir se pone contento y piensa: ¡Qué bien! ¡Así podré repartir gastos entre dos pequeños negocios!

Pero aún hay más. Un pequeño conflicto moral que se plantea entre medias: “¿Y si me paso por el bazar chino? Así fomentaré la integración cultural y económica… Aunque claro… ¿Quién está detrás de ellos?¿Harán la declaración de la renta?”. Finalmente, el gen egoísta es el que decide y vas al comercio que más te conviene.

Tras todas estas profundas y relevantes reflexiones no encuentras lo que buscas. ¡Qué buena excusa para frustrarte! Con psicología palurdista esto no ocurrirá. Pensarás en todos aquellos objetos mágicos que has descubierto en la ferretería (¡¡¡el perchero múltiple!!!, la polea – que te retrotrae a tiempos de la E.S.O.-, la maquinita para probar el alumbrado de las bombillas, guantes monísimos de jardinería con florecitas…) y en la sabiduría que el ferretero te ha traspasado, donde el sustantivo “cónico” cobra al fin sentido y entiendes que el acero inoxidable fue un gran invento.

Moral_oreja: que nadie prive tus instintos palurdistas y que no decaigan los ánimos!

Un poco de musiquita motivante de unos de mis grupos musicales favoritos: Super Skunk – Nadie como tú

 

Minientrada

New age, new life

Queridos lectores:

Actualmente me encuentro inmersa en un proceso de mejora de este mi (nuestro) blog. Es por ello que se encuentra tan parado, pero no por ello despreocupado.

Consciente de que quizá abarca más temas de los que yo puedo dar, y cada uno de ellos con estilos contrapuestos (uno más creativo y libre en contra de uno más formal) me debato acerca de cómo enfocarlo de aquí en adelante.

No solo pretendo focalizar más el tema, también la estética y funciones del mismo habrán de sufrir mejoras (¿sufrir? Sufrir sufren las madres cuyos hijos ven ir a la guerra… ¡No las mejoras!).

En fin, tras este chascarrillo absurdo y de denuncia social (2×1, ¡estamos de rebajas!) os invito a compartir vuestras críticas negativas y positivas acerca de qué contenidos os interesan / gustan más.

Gracias por vuestra atención y saludetes, ¡amiguetes!

New age, new life

Rompiendo techos

Esta mañana tenía que ir a firmar autógrafos, pero las sábanas se me han pegado un poquitín, con lo que cualquier imprevisto que me surgiera retrasaría mi ascenso a la fama.

Segundino, la bicicleta de mi amigo, que a este paso casi casi ya es de mi propiedad, necesitaba que le insuflaran por detrás algo de lo suyo, así que he decidido estrenar el inflador que me regaló Feo hace un tiempo. Pero algo he debido hacer mal porque el resultado ha sido el inverso. Así que como todo tiene solución en la viña del señor, a la gasolinera he ido. Allí, los botones del más y del menos de la bomba me esperaban muertos de risa, señalando mi cara de seta y exclamando un gran “¡Zasca! ¡Averiado!”. Así que he dejado a Segundino abandonado en la cuneta como sé que haríais muchos de vosotros con vuestros abuelos o padres. Crudo, cruel y sin sal.

El autobús ha sido mi siguiente parada. El 3, mi destino. Su conductor, el hombre que me ha devuelto la fe en la humanidad.

Con legañas todavía en los ojos he firmado todos los autógrafos requeridos y he aprovechado para pasar por una tienda a remodelar mi vestuario. Pero no me digáis qué pasa que diseñan una ropa la mar de triste y yo, para levantar el ánimo, buscaba algo más colorido. Con mi ojo avizor he ido tanteando todas y cada una de las prendas. Muchas rallas y poco coloque, hasta que de pronto un jersey gordito, de colores variados, divertido y diferente a los demás, estaba ahí abandonado esperando a que una humilde servidora le rescatara: “Una talla L… mmm, bueno, aunque no es mi talla podemos probar porque con estos fabricantes sin patrón nunca se sabe…”.

Así que en la intimidad del probador, con esa luz y esos espejos que te dicen de todo menos bonita, me he probado el jersey que, efectivamente, me quedaba grande. Entonces, absurda de mí, he pensado: “claro, y ya no hay más porque es el mejor jersey del mundo”, hasta que me he fijado en la etiqueta, de color oscuro, y que indicaba que la prenda era de la sección de hombres. No comments. Le echaremos las culpas a las legañas o a algo que yo aún no sé.

Con toda esta información retorno al hogar, con barra de pan y de fuet bajo el brazo, ya que no hay otra combinación mejor que ayude a llenar mi alma. Con un pesado paquete bajo el brazo que me ha endiñado el portero, decido que compartir es vivir y subo acompañada de una vecina en el ascensor. Me asegura que va al cuarto piso y yo la aseguro a ella que voy al segundo. Así que cuando el ascensor para, abro la puerta, giro el pasillo a la derecha y llego a la puerta de casa. Al ir cargada, sacar las llaves me era algo complicado, así que preferí llamar al timbre y probar suerte, a ver si de casualidad mi compañero Roquetas, joven y lozano, estaba en casa y me abría la puerta. Comencé a oír pasos hacia la puerta y pensé “¡Qué bien! ¡Qué suerte!” y me abrió la puerta. Sí, el vecino viejales, con media dentadura por recuperar, me abrió la puerta, atónito intentando comprender mis explicaciones basadas en un “¡Anda, que estoy en el cuarto pero vivo en el segundo! Disculpe, disculpe”. Creo que, al menos, le he hecho reír sin complejos.

Con estos chistes encima mía, y segura en mi nido, decido ir a rescatar a Segundino, que allí seguía, sin pena ni gloria. Así que con la decisión en firme de cambiar el rumbo de mi fama, he intentando primero alegrarle el día a mi bici y pedir colaboración a los muchachos de un taller cercano a la gasolinera. Estos, muy correctos, han dado aire a Segundino y yo, más que contenta, me he ido a casa. Pero ¡ay, amigos mecánicos! Os pasáis comiendo espinacas… Y es que resulta que a Segundino le han hinchado de más lo suyo, haciendo contacto los frenos con la cubierta. En fin, una manera innecesaria de alargarle el sufrimiento a un viejo bonachón como Segundino. Pero como soy una fiera, he caído rápidamente en la bomba de Feo, que si bien logró deshinchar por la mañana la bici, en esta ocasión lo lograría también. Con lo que final feliz para Segundino. ¿Y para mí?

Bien, guiada por Spotify, he pinchado sobre una canción de Kiko Rivera, al fin y al cabo, ¿podía acabar la mañana de una manera más boba?

Sí, aún sí, insistiendo en llamar a la puerta correcta una vez más. Pero claro, con la mañanita tonta que llevaba el resultado no podía ser milagroso… aunque tampoco caldoso.

Con lo que he decidido contar todo esto en mi blog, acompañada de Ojete Calor a los altavoces, para analizar con precisión el alcance de todos estos hechos y concluir que la gravedad es leve pero que ahí está, como la puerta de Alcalá.

rompetechos

Rompiendo techos

Morcilla molotov

A la salida del cole, una niña verdaderamente apesadumbrada, inmersa en sus pensamientos, alza la cabeza y se dirige realmente intrigada hacia un adulto responsable de ella:

Niña: ¿Por qué cambian cosas en el colegio?

Adulta: Posiblemente para mejorar.

Niña: ¿Por qué han puesto cemento donde el arenal?

Adulta: ¿Teníais un arenal? ¿Para jugar?

Niña: Sí. Hacíamos castillos y un montón de cosas.

Adulta: Hombre, pues eso sí que no me parece justo. Quejaos. Id y decir que queréis jugar, que sois niños y os gusta jugar. ¿No tenéis más arenales?

Niña: Sí, hay otro, pero más pequeño. Aunque tiene más arena.

Algo así les está ocurriendo a los vecinos del barrio de Gamonal, en Burgos, famoso estos días por los altercados que llevan produciéndose como consecuencia de la negativa de estos a la reforma de una de sus arterias principales en un bulevar de esos que embellecen la ciudad y colaboran con el medio ambiente. Bien bonico, por cierto.

¿Y por eso los vecinos se dedican a salir de sus casas y a quejarse? ¡Con el frío que hace en Burgos, madre de Deus! ¡A estos el vino de la Ribera se les ha subido a la cabeza!

Pero es que la reforma del Gamonal no es más que la gota que colma el vaso y que puede representar un sentir general. Un sentir tan loable como que le tapen al infante con cemento el arenal con el que juega todos los días en el patio del colegio, en contra de lo que vienen siendo sus deseos.

Es el asunto de los “diversos altercados violentos” el que, sin duda alguna, ha dado a conocer la noticia. Que lleven meses con protestas pacíficas y que no se haya conocido a nivel nacional no significa nada, pues se mantiene en la categoría de “interés a nivel local” y suficiente. Es cuando ocurren hechos violentos cuando la noticia se expande como el fuego, breada por las redes sociales, probablemente por ser de algún modo la extensión de otros hechos acaecidos en diversos puntos de nuestro país, síntoma de que la cosa está calentita debido a que…

LA-COSA

Como cuando se dieron las protestas mineras, pocos españoles podían identificarse con estos en los aspectos concretos de sus peticiones. Igualmente ocurre con el bulevar. Burgos se está convirtiendo en símbolo de la manifestación de una indignación general frente al caciquismo descarado de nuestros gobernantes y la falta de empatía con quienes les conceden el voto. El hacer oídos sordos ante las peticiones de los ciudadanos es lo que ha convertido el asunto en una lucha entre gigantes y cabezudos que tiene como escenario un ring rodeado de cuerdas muy tensas, un público muy crispado y unas animadoras a las que, de la vergüenza, se les están cayendo los billetes del tanga.

En Madrid se ha convocado para este miércoles 15 de enero una concentración en la Puerta del Sol a las 19h en apoyo a los vecinos del Gamonal al considerarse este barrio un ejemplo clarito y representativo del clima político y social que se respira. Veremos quién se impone finalmente, si el gigante o el cabezudo.

morcilla molotov

Morcilla molotov

Hipermetropía y astigmatismo: todo un reto para el Sr. Rorschach en el aniversario de su cumpleaños

Hoy (que no ayer) la página de inicio de Google está dedicada a Hermann Rorschach (nacido el 8 de noviembre de 1884 en Suiza), psiquiatra y psicoanalista conocido por la elaboración de la prueba que lleva su nombre: el “Test de Rorschach“.

El objetivo principal de este test es evaluar la personalidad mediante una serie de diez láminas que presentan manchas de tinta cuya característica fundamental es la simetría de sus formas (Hermann manchó unas hojas de tinta, las dobló por la mitad, las desplegó de nuevo y dejó volar la imaginación de sus pacientes… La idea es que a partir de las mismas el experto saque sus propias conclusiones sobre el funcionamiento psíquico de la persona evaluada).

Google, además de dedicar su portada de hoy al señor Rorschach, ofrece a sus visitantes la oportunidad de mirar fíjamente una de estas láminas, expresar su impresión y compartirla con el resto del mundo, dando así rienda suelta a las microobsesiones de los millones de usuarios del buscador.

Mi amiga Ki Kí, por ejemplo, ve claramente un zorro, mientras que Samy Chiriboga vive pensando en la cadera recién operada del rey de España (¿por qué será?). Mi visión es más de centro, viendo claramente que lo que se despliega de él es el maravilloso personaje de Mary Poppins tocando las castañuelas.

Se podría hacer perfectamente de esto (vamos, que seguro que ya está más que hecho) el clásico reportaje de calle en el que un entrevistador salao se dirige a las señoras que hacen sus compras en La Vaguada, mientras que una guapetona va calle Fuencarral arriba / calle Fuencarral abajo para ver qué se dilucide de las mentes pensantes de los modernos. Y así hasta concluir que el súmmum de un target humano diverso y rico en la diferencia se siente unido mediante su locura particular.

Imagino que, en caso de que este reportaje se emitiera en prime time, el presentador del programa habría de ser el señor Rorschach, con pipa en mano, la verdad en su poder y una mirada fijada en los ojos de una audiencia nerviosa ante su veredicto debido a esa magia que tiene la tele con la que se logra la identificación global de la humanidad.

Esta audiencia, magma de clases, edades y gustos, asentiría con gusto y aplaudiría los análisis del experto mientras que, en la otra cadena, la de mayor share, estarían echando un reality show  en el que Freud, encerrado en una casa llena de espejos, estaría sometido a los juicios de miles de pacientes. Mientras tanto, la cadena pública, nos deleitaría una noche más con el adorable Punset dándose cabezazos contra la misma pared tridimensional, que un día construyó en el Congreso de los Diputados, hasta descubrir ese arcón infatigable y lleno de sopas de letras aún por construir.

Sea como sea, y viajemos como viejemos, lo que a mí me queda claro es que a Google hoy se le ha olvidado incluir en su portada un asistente virtual que asocie un diagnóstico a cada una de las respuestas de los arriesgados usuarios que han compartido sus impresiones vía red social. Así, dirigidos una vez más, seríamos más felices…

La primera de las diez láminas del test de Rorschach
La primera de las diez láminas del test de Rorschach

Hipermetropía y astigmatismo: todo un reto para el Sr. Rorschach en el aniversario de su cumpleaños

La Thermomix, esa matanza sangrienta con la que la gente flipa

Si hay algo de lo que me he dado cuenta en los últimos tiempos es de que me encanta que me cocinen. Es decir, que me metan dentro de una cazuela llena de agua hirviendo y me den vueltas, vueltas, vueltas sin parar.

Y hasta aquí el chascarrillo obvio.

Me gusta más ir a mesa puesta que poner la mesa, para qué nos vamos a engañar. Pero sobre todo me gusta cuando mi madre cocina (como a la mayoría) porque sus platos tienen ese condimento con sabor a amor que es único en el mundo.

Yo tengo también mi gusto personal para la cocina. A veces acierto y lo gozo, y otras me lo como porque la comida no se tira y además comer fallos tiene un interesante toque a lo Ferrán Adriá.

A donde quiero llegar con todo esto, y a riesgo de que se me tiren al cuello, es a ese inventazo llamado Thermomix, predecible y programable.

Consciente de sus ventajas espacio-temporales me opongo a él.

¡¿PERO POR QUÉ?!

– se oyó al fondo de la sala-

Porque constituye la matanza sangrienta del arte de cocinar y de darle a los platos ese gustirrinín personal que los hace únicos. Y no solo eso, si no también del ritual de la cocina, con todos los beneficios que se esconden bajo ese “me gusta cocinar” que a algunos sirve para relajar, zen_trarse, contentar a sus comensales, idear chistes o recitar proclamas doctrinarias que le den a sus recetas ese sabor añejo tan cotizado en el mercado de la naranja mecánica.

Sin más condimento ni fundamento, aquí el maestro:

La Thermomix, esa matanza sangrienta con la que la gente flipa

El día que perdí mi Lololó

Yo una vez tuve un Lololó. La pena es que no logro recordarlo porque o me lo robaron, o en un despiste lo perdí.

Un Lololó podría ser perfectamente el animal de compañía que todos llevamos dentro y suena tal que así.

El mío sonaba diferente, y por eso, según los expertos en la materia, era un mal Lololó. Sin embargo tenía ese cariz puro, virgen y casto que lo hacía único. Pero de repente ¡fiú! ¡se esfumó!

Cada día, cuando me levantaba, aprovechaba ese primer momento con reminiscencias rem para evocarlo, a ver si lo tenía por ahí guardado, en conserva, y salía a saludar. Pero nada.

A día de hoy he asumido que ese Lololó, en pleno uso de su libertad, se marchó y que, aunque quizá no vuelva, una pequeña parte de él ondea por los estadios de fútbol o los conciertos de modernos.

Esta noche, por alguna extraña razón, Gordo y Feo me llevan al estadio Vicente Calderón a ver el Atlético de Madrid – Barça. Un partido que al parecer es importante porque supone el primer título de liga.

He podido ver vídeos en los que miles de personas coreaban con mucha pasión diversos Lololós y temo no estar a la altura, pero quién sabe, lo mismo me sirve para reencontrarme con el Lololó que alguna vez tuve dentro.

El día que perdí mi Lololó

¿San Isidro labrador se lleva la lluvia y trae el sol?

Llega un ansiado festivo como es San Isidro en Madrid, con pretensiones variopintas como bailar un chotis, mojar un barquillo en un debilucho vaso de plástico, que dudas si aguantará, o pasar el día acostado en la pradera del santo. También barajas la posibilidad de acercarte a ver alguno de los espectáculos que ha preparado el Ayuntamiento de Madrid por la ciudad azuzado por la idea de que quizá, con esto de la crisis, el año que viene pasen a convertir la plaza de toros de Las Ventas en el recinto ideal para albergar una reedición, enchotizada, de lo que podemos ver en la impresionante película “Danzad, danzad, malditos” de Sydney Pollack (1969, EEUU).

Pero amaneces, que no es poco, y el patio de tu casa tiñe sus paredes de un gris áspero, agrio, mudo, frío y feo.

Abocado te ves, pues, a una auto-motivación interna que te habla y te dice: “perfecto para ponerse al día”. Así que tú y tu auto-motivación inventada encendéis el ordenador como primer paso de reconciliación con el mundo y buscáis una canción que cambie de tono el color del patio.

Pero “que tendrá Marbella, y qué tendrá la costa”, que una cosa lleva a la otra y ya estás viendo un video sensiblero que habla de las maravillosas partículas universales que han hecho de nosotros lo que somos, pequeños ante la galaxia, grandes ante el mundo. En fin. Muy bonico. Una estética francamente cuidada y, por qué no decirlo, agradable de ver también.

Sin embargo, como no hay mal que por bien no venga, tus orejas de zorro ponen sus patas arriba y atentas escuchan la música del video. “¡Vaya, suena bien y pega con el ambiente de mi patio!”, te dices mientras ansías averiguar quién está detrás. Así que sigues indagando un poco mientras le das su merecida patada al Larousse.

Patrick Watson… ¡ni p*** idea! Pero no sé por qué me recuerda al tipo triste aquel que no se sorprendía (luego te pones al día, te limpias la cera de los oídos y el parangón queda a la altura del que puedas establecer entre Sting y Gotye).

Así que fisgas un poco más en la web y te encuentras frente a un canadiense fino fino filipino, de la parte francesa, moderno con formación clásica y no apto para corazones de metal, que lo mismo te canta a solas que con su banda, los Wooden Arms.

Cinco discos desde que comenzara en solitario en 2001 con Waterproof9 y continuara con su banda hasta el momento actual, con el álbum Adventures in your own backyard (2012 Secret City Records / Domino).

Con un sonido propio de cualquier azotea que quiera apodarse indie (con bombillitas atadas a un cordel), Patrick Watson, a los mandos del piano, se hace escuchar y acariciar, cual perrillo que frota su cabeza contra tu pernera.

Te invita (o te invito yo) además, a ver cualquiera de sus videoclips, con unas interesantes y hermosas animaciones gráficas que se dedican a contar historias en sintonía constante con su música.

Sin duda, un descubrimiento nada despreciable para este San Isidro al que los claveles, por exceso de agua, se le han caído.

PD: Recomendables para ver y escuchar los siguientes:

¿San Isidro labrador se lleva la lluvia y trae el sol?

Inauguro sección como buen anfitrión

Sé que sois muchos los que en los últimos tiempos me habéis venido pidiendo que de un poco más de mí en este mi ciber-rincón y que no deje de hacer pareados. Por eso, he decidido escucharos.

Para MÁS INRI, en mi último post “prometí” que sólo escribiría de temas que me gustasen.

Así que aquí os ofrezco todos mis respetos y otro espacio astral más en el que echaros a perder.

Se llama “Encuentros culturales en la III fase” y en el contaré todos mis avatares referidos a actividades culturales de diversa índole.

Un saludo y demás congratulaciones.

Inauguro sección como buen anfitrión

¡En este país de pandereta no se vive de piruletas!

Vuelta al redil. Vuelta a la rutina. Vuelta a la búsqueda masiva de empleo.

Y digo vuelta a la rutina porque parece que en este país la obligación es estar desempleado y la devoción trabajando.

No voy a mencionar nada acerca de la crisis, de que las cifras de parados aumentan sin cesar, de la economía sumergida que impide que esta olla a presión estalle, de los ERE’s, los recortes  o de la panda de chorizos ibéricos que nos han traído hasta esta situación.

Tampoco me voy a acordar de los desahuciados, los suicidios o de la famosa hija de Rajoy.

Simplemente voy a dejar este mensaje a la mitad.

PD: prometo actualizar el blog más a menudo, darle una imagen renovada, con una mayor accesibilidad, y hablar de cosas que me gusten.

¡En este país de pandereta no se vive de piruletas!