¡En este país de pandereta no se vive de piruletas!

Vuelta al redil. Vuelta a la rutina. Vuelta a la búsqueda masiva de empleo.

Y digo vuelta a la rutina porque parece que en este país la obligación es estar desempleado y la devoción trabajando.

No voy a mencionar nada acerca de la crisis, de que las cifras de parados aumentan sin cesar, de la economía sumergida que impide que esta olla a presión estalle, de los ERE’s, los recortes  o de la panda de chorizos ibéricos que nos han traído hasta esta situación.

Tampoco me voy a acordar de los desahuciados, los suicidios o de la famosa hija de Rajoy.

Simplemente voy a dejar este mensaje a la mitad.

PD: prometo actualizar el blog más a menudo, darle una imagen renovada, con una mayor accesibilidad, y hablar de cosas que me gusten.

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¡En este país de pandereta no se vive de piruletas!

El bailaor del Canal

Es mediodía en Madrid y en la estación de Canal unos vienen, otros van y otros simplemente están.

En el andén, aparentemente, todo fluye con normalidad. El cartel del metro que indica el tiempo de espera, los enormes carteles publicitarios, el amarillo metálico de las paredes, el ascensor, un pilar delante del ascensor…y ¡Oh my god! ¡Una sombra! (“A shadow!”, como dirían los ingleses).

Doy un paso al frente, giro 45 grados hacia la derecha y ladeo mi cabeza en busca de una nueva perspectiva que me transporte a la Luna.

Este deseo, digno de cualquier artículo de la extinta Súper Pop, deja de ser tal en el mismo momento en el que veo cómo unos pies se deslizan por la nueva pista de baile de aquel escenario.

Continúo observando y no puedo evitar que se me escape una discreta carcajada, hasta que descubro una mirada cómplice que me dice: te he pillado mirando al bailaor del Canal y tú a mí también.

Y efectivamente, esos pies pertenecen al bailaor que porta una especie de chilaba chandalera blanca y negra. Un tipo que, religiosamente, pasa todos los medio días en la estación del metro de Canal bailando su particular versión del moonwalk.

No pide dinero. Si acaso, quizá reclame atención para que alguien le lleve al casting de “Tú sí que vales”. No se sabe si es su modo de pasar el tiempo hasta que llegue la hora de comer o quizá la consecuencia de una expulsión de clase. Lo que es seguro, es que a algunas nos alegra el día, a los nuevos espectadores les sorprende y seguro que a muchos entretiene.

Sé además que hay documentos gráficos que han captado a este arriesgado bailarín, provocador de la vía del tren con cada misterioso paso de baile que da. Sin embargo, no me interesan en absoluto los vídeos registrados sin permiso por freaks que tan sólo buscan avivar su relación de pareja. Siempre me ha parecido más interesante la magia del directo.

Por este motivo (grabaciones sin permiso) reivindico RESPETO para el bailaor del Canal por tres motivos: tiene mucha marcha, mantiene vivo el espíritu del moonwalk y además, es la reencarnación de Michael Jackson [O_O]

¡Larga vida al metro de Madrid, que no informa, pero entretiene!

El bailaor del Canal

Un euro para la Botella

“¡Madre mía! ¡Es más gorda que una de tráfico!”

Desde que la peste negra de la economía comenzó a expandirse por Europa, más vale un euro en mano que ciento volando. O si no que se lo digan a nuestra alcaldesa no electa, Ana Bottle, que de recaudación de euros sabe un “Rato” (¿lo pillas? Rato de Rodrigo Rato… buenísimo el chiste).

En el frío febrero de 2011 la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid aprobó la Ordenanza de Protección contra la contaminación acústica y térmica que, entre otros objetivos, tiene el de regular el uso del espacio público.

¡Eccolo qua las palabras clave! #Regular y #Público. Y es que en cuanto nos despistemos nos cobran por respirar.

Ahora tengo en mis manos una bonita sanción de 300 euros por estar bebiéndome una lata de Aquarioso bajo el claro de Luna. Eso sí, la carta viene impresa en papel reciclado. ¡Que no se diga que no cuidan los detalles!

Y pensarán, estimados lectores, que algo más estaría haciendo. Bien, no seré yo la que niegue  la realidad:

A unos diez metros de distancia había una chavalada bebiendo ron del malo y escuchando musiqueta desde sus carros en el boulevard principal de mi barrio. Personalmente, creo que como era verano y vaya vaya, aquí no hay playa, ellos decidieron aposentarse en ese lugar como oda al paseo marítimo que queremos, pero no podemos tener.

Evidentemente, a los policías no les gustan los sueños. Y a los vecinos que se los perturben, tampoco, por lo que lógicamente acudieron al lugar de los hechos a poner orden y, ya de paso, como hay que recaudar y el cepillo de la Iglesia está más vacío que el ropero de Tarzán, se pasaron también a saludar por los alrededores.

Amablemente nos pidieron nuestras carnes de identidad, se las llevaron y nos las trajeron de vuelta sin mediar palabra. Tan solo nos comentaron que había habido quejas vecinales y nosotros, que somos gente de bien, decidimos retirarnos.

Así, con esta anécdota de fondo, el verano se escapó y dio paso al otoño, con sus buenas nuevas colgadas bajo el viento y con mucho trabajo para Correos.

Como si de una trama de corrupción se tratara, alrededor de una veintena de jóvenes apuestos nos hemos encontrado esta sorpresa llamando a nuestra puerta.

Haciendo cálculos, 300 euros son las latas de refresco o de cerveza (sí, soy Satán y he dicho CERVEZAAAAAAAA) que me puedo tomar en un año. Más de trescientos son también los contactos que puedo sumar entre Facebook, Twitter o LinkedIn, las redes sociales de moda.

Igual si les pido un euro a cada uno puedo pagar la multa y contribuir de este modo a sanear nuestra maltrecha economía. Lo que pasa es que me da palo, porque pedir a mis amigos un euro para la Botella sería como traicionarlos.

Es posible que lo que haga sea pedírselos a la alcaldesa o a uno de sus hijos, que seguro que ellos no lo notarán tanto.

Un euro para la Botella

Laika y Baumgartner: una simbiosis espacial

A estas horas es probable que una mayoría absoluta sepa ya que un señor austriaco llamado Felix Baumgartner se ha metido en una burbuja y ha salido a dar un paseo por las nubes bajo un buen chute de Red Bull.

Tras más de dos horas rezando a la virgen, nuestro recordman ha sobrepasado los límites de muchos y, sin ya nada que perder, se ha lanzado desde más de 39.000 metros de altura de vuelta a tierras mexicanas.

Debido a que el tío bestia ha roto la barrera del sonido, se ha producido en la capa estratosférica una regresión molecular que le ha llevado durante un periodo corto de tiempo a dar vueltas sobre sí mismo, de tal manera que por un momento algunos hemos pensado que estábamos asistiendo a la primera superproducción de un suicidio en directo.

Sin embargo, una idea tan sádica no se le ocurriría a nadie. Los giros sobre sí mismo respondían a un efecto óptico que nos ha hecho imaginarnos comiendo un twister de colores con el fin de ponernos en sintonía con el aventurero espacial.

Mientras todos estábamos alucinando, tras esas partículas regresivas estaba teniendo lugar un mano a mano a base de kvas entre Félix y Laika, la primera perra que salió a pasear por el espacio exterior sin correa.

En esta reunión secreta, Baumgartner y Laika han protagonizado una simbiosis vertiginosa en la que la rusa, experimentada en estas lides, se ha atrevido a dar un par de sabios consejos a Felix y, sobre todo, a animarle.

De vuelta a la estratosfera, Baumgartner se ha hecho eco de las palabras de su compañera soviética y ha salido corriendo, a unos 1.300 km por hora, en búsqueda de un tequila con limón y sal y una ranchera que cantar.

Al llegar a Tierra, muy digno él, ha elegido aparcamiento y con paso firme ha pisado estrato del bueno.

En ese momento, miles de telespectadores han respirado y raudos y veloces han ido en búsqueda y captura del manual de autoayuda que Felix Baumgartner jamás leyó…

…por eso, precisamente, se lanzó.

Laika y Baumgartner: una simbiosis espacial

De mesteres y de leyes (II)

Y como mujer de ley, en búsqueda de un mester, se presentó en el tiempo y espacio que le habían indicado para realizar una entrevista de trabajo.

Esta vez el puesto era para trabajar como dependienta en un afamado comercio textil.

Vale. Bien. Es un trabajo, ¿no? ¡Pues a por él, zángana!

Dicho puesto se regiría bajo las cláusulas de un CONTRATO DE TIPO FORMATIVO. Este tipo de contratos están pensados para aquellos que no puedan celebrar uno en prácticas, o lo que es lo mismo, aquellos que carezcan de cualificación profesional alguna.

Como era un contrato de tipo formativo, de las cuarenta horas semanales, treinta horas serían para trabajar en tienda y diez para rellenar unos cuadernillos. Además, el contrato tendría que durar como mínimo un año, pudiéndose prorrogar esta situación hasta tres.

Hablemos del “money, money”: la retribución a percibir sería del 60% del sueldo habitual. Es decir, según palabras del encargado, por un contrato de 40 horas semanales, como “auxiliar de dependienta”, se cobrarían unos 600 euros netos / mes.

¿Por qué no consiguió esta ganga de empleo la intrépida muchacha? Habría que preguntárselo a quien la citó a una entrevista antes de leerse el reglamento de este tipo de contratos, pero como no la conocemos, me arriesgo a dar yo misma la respuesta: básicamente porque un contrato de tipo formativo va dirigido a personas que tengan entre 16 y 25 años y cero titulaciones que la cualifiquen para el desempeño de alguna de esas profesiones que se estilan por ahí [¡mierda! La preseleccionada tenía más de 21 años y títulos universitarios].

¡Ojo! Que si tienes menos de 30 años y la tasa de desempleo de tu país supera el 15%, no te libras de estos contratos,  en caso, repito, de que no tengas estudios universitarios o profesionales. Así que, dependientas experimentadas, ¡sois un blanco perfecto para que os rebajen de categoría!

La absurda conclusión que saco de todo esto es la siguiente: ¿qué tipo de gente está contratada para concertar entrevistas?¿por qué no se leen los maravillosos decretos Ley publicados por nuestro gobierno? Es porque, aunque algunas estemos en paro, no queremos perder el tiempo, ni las fuerzas, ni los viajes astrales en metro, con entrevistas, hablando en términos legales, imposibles de conseguir.

Este país está podrido, desde las entrañas, y salpica que da gusto.

De mesteres y de leyes (II)

De mesteres y de leyes (I)

De derechos  y deberes,

de mesteres y de leyes,

¡a buscar trabajo se ha dicho!

Y es que, en los tiempos que corren, hay que volar, y cuanto más lejos, mejor. Lo sé, es doloroso. Pero más hediondo es el precario mercado laboral español.

Dos oportunidades laborales se me han presentado esta semana. Por supuesto, ninguna que tenga que ver con mi formación académico-profesional. Ese es un cuento de ciencia ficción que quizá, algún día, relataré.

Prosigo pues.

La primera de ellas tuvo como carta de presentación un viaje espacial por el “Metro de Madrid, que informa” y el tren de cercanías, que es aquel que acerca a las personas a las lejanías y además, deja las almas guardadas en las máquinas expendedoras de billetes esperando a que su dueño pueda pagar el viaje.

Tras dejar pasar la oportunidad de bajarme en el suculento pueblo de El Goloso, llegué a las oficinas y desvelé el misterio: la oportunidad era para trabajar como teleoperadora en un Contact Center …

[Abro corchetes porque Word me señala en rojo las palabras “teleoperador” y “contact center”, así que procedo a aclarar que ambos términos hacen referencia al arte de operar corazones en la tele desde un centro de contactos. Como ejemplos, véanse Facebook o Su media naranja]

… bajo las normativas habituales que rigen los maravillosos convenios colectivos del tele-marketing.

Bien. Perfecto. Un trabajo remunerado. No pedimos más a día de hoy. Lo sorprendente de esta anécdota es que todas las que nos encontrábamos en la rueda de entrevistas estábamos ahí porque un amigo había dejado nuestro CV en RRHH. Vamos, que si no tenéis amigos que operen corazones, olvidaros de conseguir una cuadriculada entrevista para trabajar como perforadores de oídos porque así está el percal, Pascual.

Huelga dar las gracias a esa empresa tan enrollada que decidió hacer limpia de todos los CV’s, dignificar el tambaleante derecho de reunión y buscar la unión mediante filosofías  birmanianas.

PD: mi otra experiencia os la cuento mañana, que la sociedad del fast-reading me impide escribir más.

De mesteres y de leyes (I)

Exit V: de derechos y deberes

Hoy es uno de esos días en el que los sindicatos “mayoritarios” han convocado a toda la masa ciudadana a protestar en la calle por los recortes y subidas del I.V.A., aprobados esta mañana en el Congreso de los Diputados.

Aparte de tener la oportunidad de corear proclamas y desahogarse, los asistentes podrán “reivindicar sus derechos”, que siempre ha quedado como muy digno.

Pero… ¿qué dignidad perseguimos si día tras día vendemos nuestro culo al mejor (o peor) postor?

La dignidad es algo que cuesta mucho al vendedor y poco al comprador. Probablemente sea hora de abandonar las corrientes de indignación y proclamar la dignificación, la cual hace muchos años se perdió, y que, aún sin haberla podido conocer muchos, anhelamos… ¿quizá por ese instinto natural del ser humano?

Exit V: de derechos y deberes