Descubriendo al tipo en quien confía el carnicero cuando quiere género fresco

–          Escucha esto. Es tipo Albert Plá.

–          Tipo Albert Plá… Habrá que escucharlo a ver qué pasa… (Pensé audazmente).

En ese primer momento, esa demo ácida me trajo a la cabeza a algún tipo triste tocando su guitarra, escondido entre cajas de cartón dentro de cualquier cuartucho con paredes blancas, donde Albert Plá, si acaso, no pintaba nada, quedando esta experiencia aparcada en la cabeza de mi querida “recomendadora”.

Unos meses más tarde, el destino hizo que fuera al Sonorama 2013, festival que se celebra en el pueblo de mi madre desde hace unos cuantos años y al que jamás me había planteado ir por un motivo muy claro: nunca invitaban a artistas de la talla de Raphael. Pero en esta ocasión, my friend, something was blowing in the air and I decided to gou.

La arandina Plaza del Trigo, madrugadora, pequeñuela y calurosa, aguardaba abarrotada de gente a que el chico triste del cuartucho de las cajas saliera a tocar en algún momento. Para hacer tiempo, mi amiga Kiki y yo fuimos a por unas cervezas a una tienda de la Plaza Mayor y, de paso, bichear el ambiente.

Fue entonces cuando me crucé con El Meister (Corizonas y Arizona Baby) y pensé: “¡Coño! ¡Qué bien! Por fin uno que conozco!” Para continuar con alegría mi camino de retorno al escenario de trigo (que no de cebada… jojojojojo). Entre tanto magma de emociones inodoras salió El Meister a escena. Pero algo raro, que a mi suspicaz olfato no se le podía escapar, ocurría en lo que viene siendo el orden de los factores del producto. Vamos, que El Meister, por lo visto de Pucela, no salía a actuar como “frontman”, si no como “rightman”, custodiando junto al bajista Álex Izquierdo al chico triste que tocaba entre cajas de cartón y que no tenía nada que ver con Albert Plá, pudiéndole poner por fin cara, barba y camisa.

Y con qué alegría, oye. Porque de triste nada. De chanante un poco, y de musicalidad bastante. Todo energía y potencia dentro de una gran caja acústica con tapa abierta a la intemperie, bullente de modernetes y con los látigos del viejo Oeste asomando y refrescando a través de las ventanas.

De este modo, decidí que Ángel Stanich sería un buen compañero de momentos y que habría que seguirle en Twitter si me quería enterar de las novedades, siendo sorprendentemente yo seguida por unas tales @chicasacidas, incondicionales del mismo y que, a día de hoy, sigo sospechando que son un invento freudiano del propio Stanich.

Sea como sea, las @chicasacidas deben estar hoy encantadas porque San Valentín las ha traído el estreno de su álbum Camino Ácido en Radio 3, con las mismas canciones de bandcamp.com, y con otras, todas ellas remasterizadas, asegurando un interesante futuro para este jovenzuelo que, descripciones inútiles aparte sobre lo misterioso de su ser, prometo que promete.

Descubriendo al tipo en quien confía el carnicero cuando quiere género fresco

SONORAMA 2013: La ciudad no es para mí

Agustín, harto del mundanal ruido, cogió su petate dispuesto a descubrir qué era lo que se cocía en la XVI edición del festival de música Sonorama, celebrado los días 15, 16 y 17 de agosto en la villa de Aranda de Duero, capital de la ribera.

Vino de día y vino de noche. Cordero para amenizar los mediodías y música que a veces despierta notas y otras las acuesta. Una particular cita que aviva la llama de los hornos arandinos, que pudieron disfrutar de conciertos por el pueblo durante el día y en el recinto ferial por la noche.

Un centenar de actuaciones con un público, según palabras del perspicaz Agustín, unido en la diferencia generacional pero dividido entre hombres de negro y muchachos de colores.

Así, en las soleadas mañanas los más madrugadores pudieron disfrutar de la música de, como se suele decir, jóvenes promesas del “pop-rock”, entre las que destacaron los pantalones de Jack Knife, las barbas del tuneante Ángel Stanich, con El Meister custodiándole, o la potencia sonora de Izal bajo un soplo de agua que se encargaba de refrescar a toda la muchachada.

Como toque mágico un concierto sorpresa de un viejo conocido del festival y cabeza de cartel, Supersubmarina, claro ejemplo de aglutinador generacional que hizo a Agustín preguntarse si los más jóvenes están muy avezados o al contrario, son los mayores los que no han crecido, obteniendo la respuesta unas cincuenta horas más tarde, llegando a la conclusión de que la banda es, sencillamente, un sintetizador de ondas poperas que pide a gritos el coche a Marti McFly y el fijador capilar a Justin Bieber.

El paisaje nocturno lo dibujaron los escenarios grandes, con artistas que en ocasiones se crecían y en otras se encogían a ellos mismos o a los allí presentes. Ejemplo de ello los silenciosos McEnroe, con un público muy entregado que sabía muy bien qué iba a ver, con invitación VIP para algún que otro despistado que encontró a un cantante muy especial (interprétese esto último con total libertad).

Otras estrellas invitadas al sarao fueron Belle & Sebastian, que cuentan que hicieron tan buenas migas con Loquillo al coincidir en el backstage que incluso van a grabar un tema para la próxima película del carismático director Juan Sin Miedo.

También estuvieron allí Travis, Lori Meyers, Xoel López, Standstill y cerrando el escenario principal los bailongos Mendetz, Dorian o Estereotypo.

Y así, tal y como se puede consultar en la web del Sonorama, variopintos grupos que suelen tener en común un órgano de color rojo, hecho que no pasó inadvertido para nadie ya que fue la comidilla del pueblo durante esos días. Algunas fuentes, que no revelaremos aquí, aluden a Crisis como culpable principal.

Para Agustín, habitual de las tabernas, y de paladar exquisito, lo mejor quedó enmarcado en la Plaza del Trigo, desde la cual, con copa de ribera en una mano y torta en la otra, pudo disfrutar del espacio musical más encantador y acogedor del festival.

Agustín escucha atento en la Plaza del Trigo

SONORAMA 2013: La ciudad no es para mí