El día que perdí mi Lololó

Yo una vez tuve un Lololó. La pena es que no logro recordarlo porque o me lo robaron, o en un despiste lo perdí.

Un Lololó podría ser perfectamente el animal de compañía que todos llevamos dentro y suena tal que así.

El mío sonaba diferente, y por eso, según los expertos en la materia, era un mal Lololó. Sin embargo tenía ese cariz puro, virgen y casto que lo hacía único. Pero de repente ¡fiú! ¡se esfumó!

Cada día, cuando me levantaba, aprovechaba ese primer momento con reminiscencias rem para evocarlo, a ver si lo tenía por ahí guardado, en conserva, y salía a saludar. Pero nada.

A día de hoy he asumido que ese Lololó, en pleno uso de su libertad, se marchó y que, aunque quizá no vuelva, una pequeña parte de él ondea por los estadios de fútbol o los conciertos de modernos.

Esta noche, por alguna extraña razón, Gordo y Feo me llevan al estadio Vicente Calderón a ver el Atlético de Madrid – Barça. Un partido que al parecer es importante porque supone el primer título de liga.

He podido ver vídeos en los que miles de personas coreaban con mucha pasión diversos Lololós y temo no estar a la altura, pero quién sabe, lo mismo me sirve para reencontrarme con el Lololó que alguna vez tuve dentro.

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El día que perdí mi Lololó